HOMENAJE AL DR HERMAN SAVRANSKY DE SUS NIETOS

Este relato, que compartimos con ustedes, es un homenaje a nuestro abuelo, el Dr. Herman Savransky, que ha fallecido el 4 de marzo de 2005. Presidente Fundador de ESFADI.

Su vida, su trayectoria, su don de gente, del cual estamos sumamente orgullosos, y sus días de agonía que le han tocado vivir en el hospital en el cual ha fallecido, nos ha motivado a escribir este relato:

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban  la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama  cada tarde, Durante una hora, Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro hombre tenia  que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos
charlaban durante horas. Hablaban  de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el  servicio militar, donde
habían estado de vacaciones.
Y cada tarde, cuando el  hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo  describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El  hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas en que su mundo  se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo  exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes  jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los  jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del  arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje y se podía ver en la distancia  una bella vista de la línea de la ciudad. El hombre de la ventana  describía todo esto con un detalle exquisito, el del otro lado de la  habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una tarde  calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su  mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas  palabras.
Pasaron días y semanas. Una mañana la enfermera de día entro con  el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la  ventana, que había muerto placidamente mientras  dormía. Se lleno de pesar y llamo a los ayudantes  del hospital para llevarse el cuerpo.

Tan pronto como lo considero apropiado, el  otro hombre pidió ser
trasladado a la cama al lado de la ventana.
La  enfermera le cambio encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salio de  la habitación.
Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el  codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la  alegría de verlo el mismo.

Se esforzó para girarse despacio y mirar por la  ventana al lado de la cama....... y se encontró con una pared  blanca.

El hombre pregunto a la enfermera que  podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan  maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era  ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le  indico: "Quizás solo quería animarle a  usted".

Los últimos días que junto a Andrea te iba a visitar al hospital, las dos acciones que realizabas eran darnos besitos a Andrea y a mi, y, cuando te hablábamos decirnos gracias, gracias.

Hoy Andrea y yo te decimos Herman, has dedicado noventa años no solamente a animarle la vida a todos, sino le has salvado la vida a miles y miles de personas, con una trayectoria de vida intachable.

Gracias a vos por tu don de gente, gracias por habernos dado un ejemplo de vida, gracias por tu ternura, gracias, gracias, gracias.

Fernando Garaventa y Andrea Savransky